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      El Poder Entre tus Piernas

      escrito por Selina Frei

      Durante generaciones te han privado de tu mayor poder.

      No con violencia.
      No con armas.
      Sino con la vergüenza.
      Con la culpa.
      Con el miedo.
      Con la prohibición de sentir plenamente tu fuerza vital.

      Porque una persona que conoce su deseo, que ama su cuerpo y confía en su verdad interior, no se deja dominar fácilmente.

      Hace miles de años surgió una cultura que separó al ser humano de su naturaleza.

      El cuerpo sagrado se convirtió en el cuerpo pecaminoso.
      El deseo se convirtió en pecado.
      La mujer se convirtió en tentación.
      El Eros se convirtió en peligro.

      El mensaje era:
      Desconfía de tu cuerpo. Reprime tu deseo. Esconde tus fantasías. Avergüénzate de tu lujuria. Si quieres estar cerca de Dios, debes superar tu sexualidad.

      Y así, empezamos a olvidarnos de quiénes somos.

      Hoy ya no vives en la Edad Media.
      Quizás no vayas a la iglesia.
      Quizás ni siquiera creas en Dios.

      Pero el programa sigue vivo.
      Transmitido de generación en generación.
      Vive en tu vergüenza.
      Vive en tu miedo a mostrarte desnudo.
      Vive en tus fantasías, de las que no hablas con nadie.
      Vive en tu inseguridad de no ser suficiente.
      Vive en cada momento en el que te haces más pequeño que la vida que quiere fluir a través de ti.

      Nuestra cultura no ha liberado lo sagrado.
      Simplemente lo ha reemplazado.
      La Iglesia ha sido reemplazada por Hollywood.
      La confesión, por Instagram.
      La moral, por la pornografía.

      Y ambas cuentan la misma mentira.
      Una dice:
      Reprime tu sexualidad.

      La otra dice:
      Consume la sexualidad.

      Ninguna de las dos te enseña a encarnar la sexualidad.
      El amor se vende como romanticismo.
      El sexo se vende como consumo.

      En medio hay toda una humanidad que ha olvidado lo que realmente es el Eros.
      Por eso sufren millones de personas.
      No porque haya algo mal con ellas.
      Sino porque se han visto separadas de su propia fuente de vida.

      Las consecuencias son visibles por todas partes:
      Disfunción eréctil.
      Dolor durante el sexo.
      Falta de libido.
      Crisis de pareja.
      Adicción a la pornografía.
      Vergüenza.
      Soledad.
      Depresión.

      ...

      Un cuerpo que ha olvidado cómo se siente la vitalidad.

      Y mucha gente piensa que es normal.

      Yo también viví las consecuencias de la falta de una iniciación auténtica a mi sexualidad. Sufrí durante varios años, adaptándome a una velocidad, intensidad y desconexión en el sexo que me hicieron cerrar mi corazón y desconectarme de mi cuerpo y de mi deseo auténtico.

      No sabía que existían otras formas de compartir y explorar mi ser erótico y, para gustar y pertenecer, imitaba las imágenes que llegaron a mí a través de películas pornográficas.

      Hasta que descubrí el mundo del Tantra y entendí por primera vez que hay mucho misterio, belleza y poder en el sexo.

      A lo largo de los años, en el contenedor seguro y amoroso de hombres maravillosos, he podido quitarme capa tras capa de dolor físico y emocional alrededor de mi sexualidad y recuperar la esencia de mi naturaleza sexual.

      Hoy, el sexo para mí es un lugar de profunda reconexión y rezo a la fuente de toda creación. Es un ritual sagrado de celebración, manifestación y regeneración.

      ¡Y es tan grande mi alegría de haber recuperado este lugar en mí, de sentirme plena y satisfecha en mi sexualidad, que se lo deseo a todo el mundo!

      Y por eso te quiero invitar a un experimento:

      No leas las siguientes líneas con tu mente.
      Léelas con tu pelvis.
      Con tu corazón.
      Con tu piel.
      Con tu respiración.
      ¡Deja que tu cuerpo decida si recuerda!

      ...

      Hubo un tiempo en que la sexualidad era sagrada.
      No era algo sucio.
      No era algo vergonzoso.
      No se ocultaba.
      Era una oración.
      La unión de dos personas era un encuentro con el misterio de la vida.
      El deseo no era un obstáculo en el camino hacia Dios.
      El deseo era el camino.
      Las mujeres no eran objetos.
      Eran templos de la vida.
      Los hombres no eran consumidores.
      Eran guardianes de la fuerza vital.
      Los niños no nacían por casualidad.
      Eran invitados.
      Recibidos.
      Bendecidos.
      El cuerpo no era un problema.
      Era el templo.
      La pelvis no era un lugar de vergüenza.
      Era el altar de la vida.

      ...

      ¿Qué sientes en tu cuerpo y en tu corazón?
      ¿O escuchas de inmediato una voz que dice:

      "Eso es ingenuo."

      "Eso es esotérico."

      "No hay pruebas de eso."

      Quizás.
      O tal vez estás escuchando precisamente esa voz que, desde hace generaciones, te separa de tu propia memoria.
      Quizás tu cuerpo ya lo recuerda desde hace mucho tiempo.
      Y simplemente sientes miedo.

      Porque si realmente recordaras...
      ...no podrías seguir menospreciándote.
      No podrías seguir creyendo que hay algo mal con tu cuerpo.
      No podrías seguir reduciendo la sexualidad a la técnica, a la descarga o a la reproducción.

      Te darías cuenta de que, precisamente allí donde te enseñaron a sentir vergüenza, yace enterrado tu mayor tesoro.

      Este camino de liberación, de reclamación y empoderamiento no es para cualquier persona.

      Es para ti si sientes el cosquilleo debajo de tu piel al leerme.
      Es para ti si intuyes que hay mucho más para descubrir entre tus piernas de lo que has vivido hasta ahora.
      Es para ti si te atreves a enfrentarte a tu vergüenza y vulnerabilidad y a atravesar, capa por capa, tus resistencias a ser grande, querer, desear, ir por lo que quieres y encarnar totalmente quién eres.
      Es para ti si encuentras la humildad de buscar ayuda, guía e iniciaciones auténticas para tu sexualidad.
      Es para ti si estás dispuestx a incomodar a la gente que te rodea, porque les recuerdas su propia luz y su poder sexual guardado y reprimido.

      Si eliges caminar este camino, te convertirás en un agente de cambio, un ejemplo vivo de una humanidad radiante, sexualmente plena y satisfecha y, por lo tanto, empoderada, creativa, vulnerable, empática y poderosa.

      ¡Para que nuestro planeta vuelve a ser nuestro paraíso!

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